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domingo, 11 de septiembre de 2016

El negocio de las braquitas usadas llega a España y lo está petando.

Vender bragas usadas, sucias, sudadas, o las tres cosas a la vez, se ha convertido en los últimos años en un negocio en auge. Aunque muchas mujeres lo ven como una simple diversión, el interés por estas piezas de ropa por parte de hombres fetichistas, que se excitan poniendoselas, pidiendo a sus parejas que se las pongan o incluso oliendolas, ha generado que muchas mujeres puedan sacarse un sobresueldo o incluso convertirlo en su trabajo. La página Secret Panties ofrece el servicio de venda, y aunque la pieza más deseada por los compradores es el tanga, todo lo que se vende en la página oscila entre los 30 y los 100 euros.




La vendedora cuelga sus fotos con la ropa interior puesta y hace una descripción, donde explica que ha hecho con ellas. El cliente interesado empieza a chatear con ella para ponerse de acuerdo, y en ningún caso hace falta dar datos personales, ya que el envió se hace con un código de barras para mantener la privacidad del comprador. El 40% del importe de la compra se lo queda la empresa, y el resto la vendedora, que normalmente gana más dinero si la bragas son de una embarazada, tienen restos de flujos vaginales, sangre menstrual o sudor generada haciendo deporte.



El web comenzó como una broma, pero su fundadora vio que funcionaba, y ahora está preparando una expansión de fronteras hasta Japón, donde ya tienen máquinas expendedoras en las calles, donde se vende ropa interior usada como si se tratase de golosinas. La creadora de la página web, Katia Ehlert, espera que el hecho de ser lencería de mujeres orientales resulte más atractivo para los japoneses, que por el momento solo pueden satisfacer sus impulsos fetichistas con ropa interior de mujeres asiáticas.


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