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domingo, 11 de septiembre de 2016

La dieta del vino y jamón para adelgazar 4-6 Kilos en un mes.

¿Queréis probar a adelgazar 4-6 kilos en un mes? ¿Sin tener que privaros de dos de las mejores cosas de la gastronomía de nuestro país? Pues estáis de enhorabuena: os contamos de qué se trata la dieta del vino y el jamón.


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La dieta del vino y del jamón consiste en un régimen diseñado por Rubén Bravo para perder entre cuatro y seis kilogramos en cuatro semanas —aunque es importante tener en cuenta las instrucciones específicas para mujeres, hombres o deportistas. Bravo es un experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.




El resumen que hace Bravo de la dieta, es que se basa en el consumo diario de dos superalimentos, el vino y el jamón:


“Tanto el jamón ibérico como el vino tinto son dos alimentos con demostradas propiedades para la salud, y que en un consumo moderado y pautado nos ayudarán a prevenir multitud de enfermedades del corazón y degenerativas, al mismo tiempo que notaremos su efecto reconstituyente, aportándonos una sensación de vitalidad diurna y descanso nocturno.”

Por ese aporte de vitalidad, la dieta es especialmente recomendable en primavera, ya que nos podría ayudar a combatir la astenia primaveral.

Por el lado del vino, está más que demostrado —según explica este experto del Instituto Médico Europeo de la Obesidad— que tomar vino tinto con moderación puede reducir riesgos de enfermedad coronaria, arterioesclerosis, Alzheimer o demencia.

Por ejemplo, las personas hipertensas que consumen vino tinto con frecuencia pero con moderación, reducen hasta un 40% el riesgo de mortalidad por episodios cardiovasculares.


A todo esto hay que añadirle su capacidad de retrasar el envejecimiento celular del organismo.



El jamón, por su parte, supone un gran aporte de hierro y vitaminas del grupo B, muy necesarias para el funcionamiento del sistema nervioso, el cerebro y para mantener la masa muscular sin carencias en aminoácidos esenciales. El jamón ibérico destaca, a su vez, por su bajo contenido en grasas saturadas y un alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados que favorece la salud cardiovascular. Aunque durante algún tiempo se ha considerado que el jamón ibérico podía ser perjudicial, hay estudios más recientes que apoyan sus beneficios para prevenir y mejorar las enfermedades del corazón. Bravo argumenta que no es cierto que haga subir los triglicéridos, engorde y favorezca la hipertensión… Todo lo contrario: en febrero de 2015, en un estudio realizado por el Hospital Ramón y Cajal, se comprobaron además sus beneficios sobre la memoria, la reducción de la tensión arterial, y como potente vasodilatador proporcionando un importante efecto antioxidante. 

El jamón de bellota —cómo no— es la mejor opción entre los ibéricos, ya que es un alimento bajo en grasas menos saludables, con un complejo de vitaminas muy elevado y con un 50 por ciento más de proteínas de alta biodisponibilidad que el resto de carnes frescas. “Pautamos unos 120 gramos tanto para hombres como para mujeres, distribuidos en desayuno y cena, y unos 150 gramos para aquellos que practiquen deporte, aunque comenzaremos a disfrutar sus efectos terapéuticos a partir de los 50 gramos al día.” 

Durante las cuatro semanas de la dieta se incluye el vino tinto y el jamón ibérico todos los días, mientras se combinan con una gran variedad de alimentos nacionales preparados, en su mayoría, de manera tradicional. “El jamón ibérico se puede añadir de forma habitual como picoteo o aperitivo en las cenas, una costumbre que cada vez observamos más en las consultas, sobre todo en personas muy ocupadas y con falta de tiempo para preparar platos más elaborados.”


DESAYUNO: El desayuno no te lo puedes saltar, y en él es importante que no falten el pan, el jamón y la fruta. Los ingredientes y la cantidad variarían de acuerdo con el sexo y la condición física de la persona. El café, eso sí, debe ser descafeinado y acompañado de leche desnatada. En cuanto a las frutas, se aconseja especialmente la manzana, la naranja, la pera, las fresas o el melocotón. 

COMIDA: En la comida no puede faltar la verdura, en forma de ensalada o puré, rehogada o al horno. El plato principal puede ser pescado o carne, de acuerdo con el estilo saludable mediterráneo: salmón, anchoas, rape, merluza, panga, sepia, almejas, bacalao, atún, pollo, pavo, conejo, ternera y solomillo de buey o carne magra de cerdo. 

MERIENDA: Café descafeinado con leche, yogur y un par nueces supondrían la combinación perfecta para la merienda. Hay que mencionar que los lácteos en esta dieta siempre serían desnatados —0% grasa. 

CENA: En la cena no puede faltar el caldo, dos lonchas de jamón ibérico de unos 15 gramos cada una y una cantidad determinada de entre 80 y 150 gramos de carne —pollo, pavo, cerdo o ternera— o pescado/marisco —emperador, boquerones, sardinas, melva, ventresca de bonito, atún, palitos de cangrejo, mejillones, pulpo, sepia. 

El día finalizaría, según estos expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, con una onza de chocolate negro puro sin leche, ni azúcar, para beneficiarnos de su efecto antioxidante y anti arteriosclerosis. 

El pan estaría prohibido, o al menos muy desaconsejado, durante comida y cena, quedando reservado para el desayuno, el momento del día donde nuestro organismo requiere de mayor aporte energético. 

Como dice el refranero popular: “desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo“.


Por cierto, en cuanto al vino, el consumo diario es de una copa de 150 ml en el caso de las mujeres y hasta dos copas de la misma cantidad en los hombres, repartida en la comida y la cena. El vino, eso sí, debe ser tinto, ya que la potente terapéutica del resveratrol y los taninos se encuentran principalmente en la piel de la uva, y en el caso del vino tinto la maceración en su proceso de elaboración se realiza con la uva completa, algo que no ocurre con el vino blanco y sólo se realiza en la fase inicial en el vino rosado. 

Según Bravo, son especialmente recomendados los tintos elaborados con la variedad de uva Pinot Noir, Merlot y Tempranillo, al encontrarse entre las tres variedades con más concentración de resveratrol. Como ejemplos, Rubén Bravo cita el Marques de Vargas —Reserva Privada 2005— elaborado con Tempranillo, Mazuelo, Garnacha y otras, o el Conde de San Cristobal —D.O. Ribera del Duero— con Cabernet Sauvignon y Merlot. 

Venga, a cuidarse.

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