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jueves, 1 de septiembre de 2016

Lo más parecido a un superhéroe fue una mujer que murió en 1951, y sus células siguen siendo inmortales


A principios de la década de los 70 comenzó a sonar el teléfono en la casa de una familia de origen humilde de Virginia, y desde entonces, nunca ha parado de sonar. Sorprendidos, todas las llamadas eran peticiones de la comunidad científica. Querían muestras de sangre para conocer su genética. Así fue como se enteraron que las células de su madre, quién había muerto hacía 20 años, seguían vivas, eran inmortales y estaban salvando millones de vidas.

La historia de Henrietta Lacks es única y especial, tanto como para poder decir que su cuerpo, o mejor dicho sus células, son lo más parecido que el ser humano ha estado de ser un superhéroe, en este caso una superheroína, salvando vidas desde entonces. Una verdadera pena que a la señora Lacks nadie le dijera en vida de lo que iba a ser capaz.


Lo más parecido a un superhéroe fue una mujer que murió en 1951, y sus células siguen siendo inmortales




Henrietta nació el 1 de agosto de 1920 en Roanoke, Virginia. Una mujer afroamericana nacida en el seno de una familia pobre. Tanto fue así, que tras la muerte de su madre Loretta, el padre de Henrietta la llevó a ella y a sus nueve hermanos a vivir con sus abuelos. Pasaron los años y cuando cumplió 21 se casó (1941) con su primo David Lacks.


Una vez casados tuvieron cinco hijos y se trasladaron a vivir a Dundalk (Maryland) en busca de oportunidades. Joseph, el último de los hijos de la señora Lacks, nació en noviembre de 1950, cuatro meses antes de que le diagnosticaran a su madre un cáncer.



 Lo cierto es que todo ocurrió en un corto espacio de tiempo. El 1 de febrero de 1951 Henrietta acude a una consulta en el Hospital John Hopkins debido a un doloroso bulto que se encontraba en el cuello uterino. Además, hacia unos días que sangraba intermitentemente en la vagina. Tras los análisis se le diagnosticó cáncer de útero. Tenía 31 años y los médicos vieron desde el principio que se trataba un tipo muy agresivo y extraño, decían que nunca habían visto un tumor así anteriormente.


Sus células, son lo más parecido que el ser humano ha estado de ser un superhéroe

Antes de iniciar el tratamiento contra el tumor le extraen una serie de células del carcinoma con fines de investigación pero a ella no le dicen nada. Los doctores lo hacen sin su consentimiento, algo normal en la época, que no legal. Más tarde tendría lugar una segunda visita con el doctor George Otto Gey, quién acaba tomando otra muestra del tumor y guarda una parte de la misma. Ni Otto ni Henrietta lo sabían en ese momento, pero esa muestra sería el principio de muchas cosas.

A Henrietta la trataron con radioterapia y tratamientos de rayos X pero finalmente su enfermedad avanzó muy rápido y fallecía el 4 de octubre de 1951. Henrietta, la mujer luchadora y tremendamente pobre, era enterrada sin nombre en la lápida en un cementerio familiar en Virginia.

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