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sábado, 17 de diciembre de 2016

10 errores que debes evitar si quieres ligar en el GYM


En los centros deportivos se liga, sí. Pero si quieres hacerlo debes huir de la ropa con publicidad, de las manchas de sudor y de gritar como un cavernícola cuando haces press de banca para pecho.

Cualquier lugar es bueno para ligar, flirtear, tontear o, si prefieres que suene más romántico, para encontrar el amor de tu vida. Pero ¿alguna vez has pensado que el gimnasio es también un socorrido escenario para seducir y ser seducido? Un estudio del portal para encontrar pareja Meetic concluyó que el 40% de los solteros y solteras de nuestro país utiliza su centro de entrenamiento para pillar.

Será por el microclima que se crea entre máquina y máquina, la mezcla de sudor y respiraciones profundas, la poca ropa que se suele llevar o la forma sexy de beber agua, pero estos espacios son una apuesta casi segura para hacerse con un número de teléfono. Los datos lo demuestran: el 25% de las personas que van al gimnasio han mantenido relaciones sexuales con alguno de sus compañeros al menos una vez al año, según un reciente estudio de una empresa británica de productos eróticos. Sin embargo, no todo sirve. Hay ciertas situaciones que, más que atraer, ahuyentarán a todo ligue potencial presente en las instalaciones.




1. Tu camiseta chorrea sudor


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Ver esa roncha perfecta en las axilas tiene sus pros y contras: “Cuando sudamos segregamos las famosas feromonas, que son capaces de atraer a otras personas. Aunque una cosa son las manchas normales de sudor y otra, estar completamente empapado y que la camiseta te delate: eso no ayuda”, apunta Alfonso Suárez, experto en coaching para solteros. Si sudas en exceso, elige camisetas de colores que disimulen los cercos. Aunque el problema no es solo estético: esas manchas vienen acompañadas de un olor característico y no precisamente tentador. Lo malo es que al gimnasio se va básicamente a sudar. “Para ligar es necesaria una higiene y que nuestro olor corporal no genere un rechazo en los demás; por tanto, usa un buen desodorante”, sugiere la psicóloga Gemma Figueras, del Instituto Barcelona de Psicología.


2. Eres el llanero solitario

Cuando uno forma parte de la típica cuadrilla de amigos que deambula en manada por la sala de fitness, liga más: “Estar acompañado hace que plantees retos con tus compañeros, como ver quién consigue hacer más contactos. Si eres el tímido del grupo, puede ayudarte a dar ese paso que te falta, porque quizá tú no te atreves a hablar, pero uno de tus amigos sí y sin querer ya estás metido en la conversación charlando con la persona que te interesa”, explica Alfonso Suárez. Apuntarse a clases colectivas también ayuda. “El contacto habitual entre personas que van a clases dirigidas y que se ven habitualmente hace que acaben atrayéndose y quedando”, asegura José Serrano, psicólogo de Área Humana.


3. Tu modelito es cutre

Destierra esas camisetas de publicidad y de “cuando estuve en Benidorm me acordé de ti”. Como argumenta César Toledo, experto en comunicación no verbal: “La apariencia juega un papel fundamental, es la primera impresión que nos llevamos de una persona y puede condicionar todo lo que suceda después”. No se trata de vestir de marca; pero ese tipo de indumentaria induce a pensar que tu idea de una cena romántica es una hamburguesa grasienta regada con calimocho.


4. Haces mucho ruido

Esos espeluznantes gruñidos que escuchamos cuando alguien está levantando peso y quiere que todo el mundo lo sepa, lejos de evocar gemidos sexuales (como parecen creer algunos), echan para atrás: hablan de un Neandertal pata negra. “Solo se acepta si estás entrenando para las próximas olimpiadas de culturismo; si no, mejor no lo hagas”, aconseja el coach para solteros.


5. Vas de Superman

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¿Levantas 50 kilos? Pues para fardar más, subes a 60 y presumes de lo fuerte que estás. Vete quitando esa idea de la cabeza porque, como dice César Toledo, “nuestra actitud es importante. Los alardes y el exhibicionismo pueden producir el efecto contrario del que perseguimos”. Recuerda ese consejo que vale para todo: sé tú mismo.


6. Eres invasivo

“Hay que respetar el espacio de la otra persona: puede sentirse incómoda y echarse para atrás. Es arriesgado, por ejemplo, ponerse a correr en la cinta al lado de alguien si hay innumerables cintas libres, o coincidir, casualmente, en varias ocasiones en las mismas máquinas”, dice Serrano. La psicóloga Figueras da unas pautas alternativas: “Establecer contacto visual y sonreír. Observar la reacción de la otra persona, si es positiva nos acercamos con seguridad pero relajados y rompemos el hielo. Le preguntamos si ya ha acabado con el ejercicio o le proponemos ir intercambiándose y entrenar juntos”. Si la respuesta es negativa, no te vengas abajo: “Hay que afrontarlo con dignidad, ser agradables y educados. Es importante que los rechazos no afecten nuestros futuros intentos por establecer relaciones sociales con otras personas”, concluye la experta.


7. Interrumpes su ejercicio

“Espera a que termine y pregúntale para qué músculo es ese ejercicio, o cualquier cuestión que sirva de excusa para hablar. También puedes sugerirle cómo mejorar el ejercicio”, aconseja el coach. El estudio de Meetic mostró que para el 39% de los entrevistados el truco más seductor era el del consejo para mejorar un ejercicio.


8. No toques, para qué tocas

El contacto físico de primeras conlleva rechazo: “Si nos precipitamos podemos incomodar a la persona y sería perjudicial. Especialmente si la persona no nos da señales no verbales de que está cómoda con nosotros. Si hay atracción, un roce sutil a su debido tiempo puede ser positivo”, recomienda Gemma Figueras.


9. Estás obsesionado con el espejo

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“Hay muchos, la mayoría hombres, que se colocan delante del espejo y no se mueven de ahí en todo su entrenamiento. Se miran y remiran”, dice Jorge Gómez, entrenador personal de Basic-Fit (Madrid). Mejor úsalo a modo de retrovisor. “Así puedes controlar a quien te interese, buscar su mirada y ver si es correspondida, pero para nada hay que hacer posturitas ni levantarse la camiseta, por ejemplo”, como comenta Suárez.

10. Usas el gimnasio para pasearte

Algunos hacen más kilómetros caminando por el gym que encima de la cinta de correr. “Pasearse está bien, pero que no se note; entre ejercicio y ejercicio se puede ir a beber agua a la fuente y aprovechar para disfrutar del panorama y de que te vean”, opina el coach. “Sobre todo son los hombres los que están más rato caminando por la sala de fitness que haciendo pesas. Se ve a la legua que quieren es conseguir el nombre de la chica y seguramente algo más que eso”, bromea Jorge Gómez.


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