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jueves, 5 de enero de 2017

La crueldad y el egoísmo de tratar a tu mascota como a un humano


En pleno siglo XXI, la forma más aceptada de mostrar lo que queda de humanidad para el grueso del mundo es –irónicamente– recurrir a las mascotas. Actualmente, un termómetro estándar para medir la calidad humana y los valores de una persona no es la solidaridad, el odio a la desigualdad, el apoyo a las causas o el combate a los problemas creados por el hombre, sino la aplicación de un sistema moral deseable sobre los demás seres vivos, especialmente en los perros por su exitosa domesticación, proceso sin igual en todo el reino animal.

Todos conocen a alguien que trata a su mascota como si fuera una persona. Ofrecerle comida directamente de la mesa o alimentarlo con productos pensados para el consumo del hombre, vestirlo o ponerle un disfraz y hasta invitarlo a dormir en la misma cama, todos comportamientos humanos que distorsionan la relación entre hombre y perro; sin embargo, lo que aparenta ser una conducta cariñosa y preocupada por el bienestar de la mascota, puede derivar en un problema con graves implicaciones en la salud animal.

humanizar a los perros

La situación recrudece cuando se concreta la humanización de la mascota. La absurda necesidad de encontrar semejanzas que respondan a comportamientos, conductas y características propias del hombre en otros seres vivos (u objetos inanimados) provoca un antropomorfismo que absurdamente asigna sentimientos e ideas propios de la raza humana a los demás animales.




Un amor que mata

perro comportamiento animal


El dueño y quienes comparten con el perro –cegados por la lógica y el egoísmo humano– intentan dar lo mejor de sí para la felicidad de sus compañeros peludos. Se esfuerzan en hacerlos sentir parte de la familia e incluso los involucran en rituales propios de los humanos, como fiestas de cumpleaños o celebraciones de todo tipo. 

En suma, un “dueño responsable” comparte cada instante con sus mascotas con la misma vara que con el resto de los seres humanos, provocando una terrible confusión y un daño al animal cuando su objetivo es justamente lo opuesto. Los dueños humanizan a sus perros bajo una premisa fundamental y terriblemente egoísta, por supuesto, sin saberlo; en su afán por satisfacer todas las necesidades del can, olvidan que se trata de un animal y lo llenan de artilugios humanos como medio para alcanzar la felicidad. 


Ignoran que la “felicidad humana” es completamente distinta a alguna categoría canina similar, por cuanto se trata de especies diferentes con necesidades diversas. Los perros responden como ningún otro animal doméstico o salvaje a los estímulos humanos; sin embargo, nunca serán capaces de convertir los estímulos en sentimientos. Para ello se requiere un proceso de racionalización y consciencia y ningún otro animal posee los mecanismos que utiliza el ser humano para lograrlo.

Esto significa que los perros no están “felices ni tristes”, no “aman ni odian”, no son “tímidos”, “valientes”, “miedosos” ni están “enojados”, o cualquier otra categoría que en la absurda lógica propia de nuestra especie, extrapolamos y atribuimos a las mascotas. Como seres racionales, es una obligación cuidar de todos los seres vivos con quienes compartimos la Tierra y procurar por su desarrollo pleno (especialmente cuando se trata de nuestras mascotas), pero igualmente importante es mantener la frontera visible entre animales y humanos, porque de lo contrario las más afectadas son las especies domésticas.



La humanización animal, el maltrato del siglo XXI

Los perros que tienen una atención excesiva de sus dueños son mucho más sensibles a los estímulos negativos y suelen desarrollar síntomas de ansiedad como diarrea, colitis, gastritis o desnutrición ante cualquier cambio. Al mismo tiempo, su jerarquía gregaria entra en conflicto con la organización nuclear de la familia humana. Un perro nunca podrá respetar las reglas de casa si es humanizado, no porque sea “rebelde” o “desobediente”, sino porque su naturaleza le ordena ser parte de una manada y aceptar el rol jerárquico que juega en ella. Cuando se trata bajo estándares humanos y pensando que se trata de un ser pensante, el perro entra en una confusión mayor que provoca desórdenes de conducta, pues es incapaz de aceptar juicios de valor humanos y se posiciona en el escalafón más alto de la manada.

Lo mismo pasa cuando el dueño se hace permisivo y considera que de ello depende la felicidad de su mascota. Prestar atención todo el tiempo a un perro y sobrecargarlo de estímulos es una excelente forma de convertir a un cachorro en un animal ansioso, que responderá negativamente cuando se encuentre solo y pasará un mal rato llorando, destrozando todo cuanto se encuentre a su paso con una mayor tendencia a convertirse en un animal agresivo, sectario y antisocial, sólo dispuesto a convivir con su dueño y las personas de su entera confianza.


Tratar como humano a una mascota es maltrato animal, de la misma forma que dar un trato animal a cualquier persona es considerado maltrato humano. La relación histórica entre perros y humanos se sustenta en la conveniencia de ambos y como tal, es un principio básico de respeto a la naturaleza de cada especie viva dar el trato que cada especie requiere según sus necesidades biológicas y no confundirlos.

El profundo egoísmo del hombre ante el frenético modo de vida actual, las obligaciones, la soledad o cualquier desorden mental dan como resultado en el siglo XXI una nueva forma de maltrato animal: la humanización de las mascotas. La caracterización antropomorfa de los animales sólo demuestra la decadencia del hombre en la actualidad, pues mientras un dueño se rige bajo la falsa idea de que ofrece amor y atención incondicional a su compañero peludo, en realidad está tratando de llenar un vacío malsano a costa del malestar canino.


4 comentarios :

  1. Es un artículo pésimo. Parece que quiere hablar de algo pero al final no concreta nada y sólo da una opinión y deja afirmaciones contranatura como que los animales "no están felices ni tristes".

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    1. Lo mismo estaba pensando. No me ha quedado nada claro de qué hacemos mal. La mía no come en la mesa ni tampoco la visto como una persona, en esto estoy de acuerdo, pero discrepo de bastantes cosas del artículo. Dormir en la cama, no la he obligado para nada que viniera, ella solita ha venido siempre a dormir conmigo, qué tiene eso de maltrato?

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  2. Gran artículo. Mucha gente no tiene claro, aunque parezca increíble, que un perro NO es una persona NI SE LE PARECE.
    Y respecto a lo que dices de que el perro ha ido solito a tu cama a dormir contigo, más que un maltrato hacia él es una cerdada hacia ti; el artículo ha puesto esos ejemplos de humanización.

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  3. Lo peor es que mucha gente hace sufrir al perro humanizándole, creandole ansiedad y nerviosismo. Esa gente leerá este artículo, no le dará importancia y seguirá con su maltrato pensando que así es más querido el perro.

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