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jueves, 16 de marzo de 2017

Hemos tardado 40 años en darnos cuenta de que en 'Heidi' pasaban cosas muy raras.


Hace 40 años se estrenaba en España Heidi. Una serie japonesa basada en la obra de una escritora suiza, llamada Johanna Spyri, y que se ubicaba en los Alpes y en Fráncfort (Alemania). Los dibujos contaban las aventuras de la pequeña huérfana Heidi, que a sus cinco años se iba a vivir con su ceñudo abuelo a las montañas y trababa amistad con el cabrero Pedro, de 11, pero que también se veía obligada a pasar una temporada en la ciudad junto a la dulce Clara, de 12, y a la durísima señorita Rottenmeier.


A lo largo de sus 52 capítulos, Heidi, sus canciones (¿quién no recuerda el Abuelito dime tú?) y sus frases (los gritos de ¡Peeeedroooo! ¡Claraaaa! en el doblaje en español) quedaron en la memoria de muchas generaciones. Con un toque algo triste, la serie dejó enseñanzas para miles de niños que conocieron los Alpes gracias a ella. Los de hoy también podrán conocerlos, ya que se estrena una nueva versión en 3D en el Canal Panda. Pero también quedaron preguntas sin resolver y afirmaciones que parecían muy claras, que los niños del momento apenas se planteaban, pero que en realidad eran realmente extrañas. ¿Nadie se daba cuenta de que, en la cabecera de la serie, Heidi flotaba en una nube? ¿Es que acaso las nubes eran sólidas? ¿O por qué todos los protagonistas eran huérfanos? Heidi no tenía padres, Clara había perdido a su madre y Pedro vivía con su madre y su abuela. Realmente pasaban cosas muy raras...









Las cabras saltan. Y saltan mucho






Había un columpio colgado ¿de las nubes?






Heidi iba en mangas de camisa aunque viviera en los Alpes. Y si se abrigaba, era solo con una capa. Y a veces hasta iban descalzos







Y, aún así, nadie se ponía nunca enfermo: la única vez que Heidi tuvo que acudir al médico fue en Fráncfort






No hacía falta escolarizarse. Los niños se pasaban el día entre cabras







Una niña de cinco años se pasaba el día haciendo tareas de casa






Pedro tenía una fuerza sobrenatural






La montaña no era peligrosa. ¿Acaso no había riscos, despeñaderos, ramas caídas?






La leche de cabra estaba buena y no hacía falta hervirla ni pasteurizarla






Y, de hecho, podían sobrevivir todos los días a base de pan, leche y queso. Y con eso bastaba






Clara podía moverse cómodamente por la hierba con la silla de ruedas






Y la pureza de las montañas conseguía levantarla de la silla. ¿Quién quiere médicos pudiendo respirar el aire alpino?






Podían dar vueltas, y vueltas, y más vueltas, y nunca se mareaban






Un montón de paja estratégicamente colocada puede ser una perfecta cama






Y, tras dormir en ella, en una fría buhardilla y solo con un camisón, Heidi se levantaba tan feliz y contenta





Y, efectivamente, las nubes eran sólidas: si Heidi se montaba en ellas, cualquiera podía hacerlo... ¿o no?


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