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viernes, 10 de marzo de 2017

La increíble historia de una anciana que vivía en un crucero.


Mucha gente suele acabar los últimos años de su vida en una residencia o postrados en una cama sin poder hacer demasiada cosa. Hoy recordamos una historia que salió a la luz el año 2005, cuando un hombre publicó su historia en formato de carta en internet. Esta es el sorprendente relato real de una anciana que vivía en un crucero:









«Hace aproximadamente 2 años, mi esposa y yo estábamos en un crucero por el Mediterráneo occidental a bordo de uno de los barcos de lujo de la línea ‘Princess’. Durante la cena estuvimos observando a una anciana sentada sola al lado de la barandilla de la magnífica escalera del comedor principal.

También nos dimos cuenta de que todo el personal, los oficiales del buque, camareros, ayudantes, etc., todos parecían estar muy familiarizados con ella. Le pregunté a nuestro camarero quién era esta señora, esperando que me respondiera que era la dueña de la línea de cruceros o algo por el estilo, sin embargo, me contestó que sólo sabía que había viajado con ellos en los últimos cuatro cruceros.

Una tarde, al salir de la sala de comedor, nuestras miradas se cruzaron y me detuve para saludarla. Estuvimos charlamos y le dije: “Tengo entendido que has estado en este barco durante los últimos cuatro cruceros.” Ella respondió: “Sí, eso es cierto.” Expresé mi desconcierto: “No entiendo”, y ella respondió sin pausa: “es más barato que un hogar de ancianos.”



“Por lo tanto, no iré a una residencia de ancianos. Cuando sea vieja y débil, tengo claro que me subiré a uno de los barcos de la línea de cruceros ‘Princess’. El coste medio de un hogar de ancianos es de 180 euros por día aproximadamente. Me he informado sobre las reservas en el crucero y con descuento por larga estancia y por ser una persona mayor el precio sería de 120 euros por día. Aún así me siguen sobrando 60 euros al día para: 



1. Las propinas, que sólo me suponen unos 9-10 euros al día.

2. Podré tener hasta 10 comidas al día (la comida es fantástica, no es comida institucional, ni tampoco son las aburridas papillas que sirven en las residencias). Puedo acudir al restaurante o usar el servicio de habitaciones (lo que significa que puede tomar el desayuno en la cama todos los días de la semana).

3. Este crucero tiene tres piscinas, una sala de entrenamiento, lavadoras y secadoras gratis, y espectáculos todas las noches.

4. Tienen pasta de dientes y cuchillas de afeitar gratis, y, cómo no, también tengo a mi disposición productos de higiene como jabón y champú.

5. Incluso me tratan como a un cliente, no como a un paciente. ¡Seguro que tendré a todo el personal encantado de ayudarme!

6. Qué más…qué más… ¡Ah sí! ¡Voy a poder conocer a gente nueva cada 7 o 14 días!

7. ¿Se me ha roto la televisión? ¿Necesito que cambien la bombilla? ¿El colchón me resulta incómodo? ¡No hay problema! Ellos me arreglarán todo y, encima, se disculparan por la molestia causada.

8. ¡No volveré a planchar más! Sábanas y toallas limpias cada día, y sin necesidad de pedirlas.

9. Por otro lado, si me caigo en una residencia y me hago una fractura de cadera, me llevarán al médico y ya está; si me caigo y me rompo la cadera en el barco, la compañía me regalará una suite para el resto de mi vida.

10. Además, ¡siempre hay un médico a bordo!

Ahora viene lo mejor de todo… ¿quieres ir a América del Sur, el Canal de Panamá, Tahití, Australia, Nueva Zelanda, Asia…? La compañía siempre tendrá un crucero que haga alguna de esos viajes. La gran conclusión es: ¡no me busquéis en una residencia de ancianos, simplemente llamad desde tierra al barco en el que esté!»



El portal Snopes también cuenta que se trata de una historia real y que «Bea Muller, de 86 años de edad, jubilada, se instaló en el crucero Cunard Queen Elizabeth 2, el 5 de enero de 2000. Su marido había fallecido mientras la pareja estaba en un crucero por el mundo once meses antes, y en lugar de optar por una casa de retiro, la señora Muller vendió su casa y las posesiones para reservarse a sí misma una plaza en el barco. Dejando a un lado el problema de los espacios reducidos, la señora Muller estaba encantada con su vida a bordo del barco». Muller falleció en 2013, y el Queen Elizabeth 2 fue retirado del servicio en 2008.



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